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Alocución del Festival de Sagitario
El texto presentado a continuación es una alocución dada por un miembro de la sede de Lucis Trust en una de nuestras reuniones públicas. El propósito de estas breves charlas es preparar y sembrar la mente grupal para el verdadero trabajo que ha de ser realizado -la meditación grupal. Esta charla puede ser usada por individuos o grupos que deseen cooperar con este servicio. Al acercarnos al trabajo de meditación esta noche y a medida que organizamos nuestros pensamientos podría ser útil detenernos un momento para considerar ¿cómo llegamos hasta aquí esta noche? ¿Llegamos a esta reunión como si viajáramos sentados sobre un caballo blanco, por así decirlo? Por supuesto que, en esta época, la imagen de llegar en un caballo blanco es ciertamente ridícula y arcaica. Sin embargo, el caballo blanco es un símbolo de divinidad y de conciencia. ¿Llegamos aquí esta noche sentados sobre el caballo blanco de nuestra divinidad innata, cabalgando tranquilamente y con dignidad, a medida que nos acercábamos a esta reunión de luna llena con nuestro sagrado compromiso de invocar la Luz de la Jerarquía en nombre de la humanidad? O, ¿llegamos a la reunión de luna llena esta noche en medio de un torbellino y remolino de teléfonos celulares, ipods, correos electrónicos, twitters, tráfico y una sorprendente variedad de imágenes y sonidos, y de una vida vivida de acuerdo a la demanda? Al llegar a esta reunión, es probable que muchos de nosotros nos encontremos inmersos en un fuerte y pequeño tornado de actividad, en el que nos parecemos más al diablo de Tasmania que al digno discípulo cabalgando sobre su caballo blanco. El diablo de Tasmania es un personaje de dibujos animados que aparece con los ojos desorbitados y enloquecidos, impulsado por un pequeño torbellino de movimiento perpetuo y, en lugar de seguir la senda de las nubes de gloria, el diablo de Tasmania deja como huella, perturbadores pedacitos de basura. La pregunta es ¿cómo abordamos nuestras vidas y nuestro servicio en el mundo? ¿Nos ocupamos de nuestro trabajo como si estuviéramos cabalgando sobre el caballo blanco, ubicados en la conciencia crística y la llevamos a cabo desde este punto? O, ¿abordamos nuestro trabajo en el mundo como un vertiginoso torbellino de fuerza y conmoción? Este es el desafío que todos enfrentamos en el mundo moderno: encontrar ese punto de paz y quietud dentro del centro de nuestro pequeño torbellino de la actividad elegida. No se equivoquen al respecto, debemos estar activos y comprometidos en el mundo y, sin embargo, como aspirantes, nuestro objetivo es encontrar la Manera de trabajar y servir desde el centro de quietud; idealmente sin ser afectados por la confusión y el caos del mundo. En este punto de la reunión, dediquemos unos instantes para recogernos en silencio. En este momento de silencio, encontremos el punto de silenciosa tranquilidad dentro de nosotros mismos, nuestro centro divino de plenitud y realización. Desde este centro de quietud interna, vinculémonossubjetivamente con nuestros hermanos de grupo alrededor del mundo que, con nosotros, también llevan a cabo este trabajo de invocación y evocación en la luna llena. Unámonos a todos aquellos que se unen a nuestra reunión subjetivamente y con todos aquellos que se vinculan a esta reunión a través de la trasmisión de BlogTalk radio. Por favor tomen la tarjeta amarilla que se encuentra en sus sillas. Digamos juntos la Afirmación del Discípulo:
Soy un punto de luz dentro de una Luz mayor.
Soy un camino por el cual los hombres pueden llegar a la realización
Y permaneciendo así giro Cuando el aspirante se reorienta hacia la vida del alma, de su trabajo surge un aspecto importante: el cultivamiento de la calma y la quietud interna. El equilibrio interno tiene una relación importante con el yo intuitivo (el alma), o la voz del silencio, como se le llama a veces. La intuición revela el significado espiritual oculto detrás de los acontecimientos de la vida. La intuición nos muestra que a pesar de las apariencias externas, el mundo material no está separado del mundo espiritual. Como tampoco el espíritu está separado de la materia. Espíritu y materia son dos mitades de la totalidad. La facultad de la intuición es parte integral del equipo y de la naturaleza divina del hombre. Aquellos que están despertando y son sensibles a la vida interna del alma, generalmente han experimentado momentos de conocimiento intuitivo profundo y resonante. Los destellos de intuición son momentos donde el fin y el principio se encuentran, donde la materia se une al origen y donde la individualidad encuentra la consumación en la totalidad; sintetizada y completa. El aspirante puede confiar en estas percepciones. La intuición proporciona dirección y nos muestra el Camino. La intuición y la dirección son dos ideas que con frecuencia se asocian con Sagitario. El arquero sentado sobre su caballo blanco también es una imagen que se asocia con Sagitario. La imagen del arquero sugiere un intelecto enfocado, con sus flechas afiladas; y, la incesante ocupación de la mente inferior debe, oportunamente, dar paso al enfocado intelecto del arquero. Para lograr avanzar en el Sendero, el hombre debe moverse del instinto al intelecto y luego a la intuición. El instinto es la mente inferior, o la loca de la casa que brinca de pensamiento en pensamiento, de estímulo en estímulo. La lanza del arquero representa el pensamiento dirigido, el cual es el objetivo del arquero. En el Sendero, el aspirante piensa y planea antes de actuar, y sabiamente emite su pensamiento antes que sus acciones; lo que quizás no se diferencia de la forma como la araña envía su red antes de su llegada. El intelecto debe ser enfocado y dirigido, de la misma manera que la flecha. Pero ¿hacia dónde deben ser dirigidas las claras flechas del pensamiento? Estas deberían estar dirigidas hacia la vida intuitiva del alma, la cual es el caballo blanco que lleva al aspirante hacia adelante. Avanzar del instinto al intelecto y, de éste a la intuición, es como dice las enseñanza antigua, “la llama que fulgura más allá de la mente (y) revela la dirección segura”. En la antigua historia de Hércules encontramos una historia simbólica que proporciona instrucción respecto a la naturaleza de la intuición. La historia de Hércules es, como bien sabemos, la historia del aspirante en el Sendero. El trabajo que Hércules desempeña en Sagitario es la tarea de liberar el pantano de Estínfalo de una enorme y terrible bandada de pájaros depredadores. La multitud de aves en Estínfalo estaba causando estragos; su enorme y estridente graznido producía un sonido ensordecedor; tal cantidad de pájaros bloqueaba la luz del día y contaminaba el pantano. Hércules intentó diferentes maneras y métodos de liberar el pantano de estas aves. Pero, únicamente lo logró cuando utilizó los dos címbalos que le habían sido entregados por Atenea, diosa de la sabiduría. Al juntar los dos címbalos de Atenea, se oyó un tremendo sonido metálico sobrenatural (fuerte y duro) de manera que las aves fueron finalmente silenciadas y huyeron. De esta manera, la tarea de Hércules fue completada exitosamente. Las aves en esta historia representan el parloteo continuo de la mente inferior y las constantes formas mentales que así se generan. Cuando se deja vagar sin control ,la mente inferior puede ocultar la luz del día (la luz del alma), al igual que una bandada de pájaros ruidosos, haciendo imposible que el aspirante escuche la voz del silencio de donde se obtiene dirección. El aspirante, así como Hércules en su trabajo, debe superar el parloteo incesante de la mente inferior. Y, en medio del ritmo agitado y acelerado de la vida moderna, encontrar y mantener el punto de quietud silenciosa dentro del ojo del huracán es una prueba especial de ensayo y error. Para superar el estruendo de la mente inferior, el aspirante emplea la intuición. Como se ha dicho, la imagen del arquero y sus flechas sugiere un intelecto enfocado. Y cuando el intelecto ha razonado a fondo una idea hasta su conclusión lógica, utilizando el claro, agudo y directo pensamiento, entonces el intelecto ha hecho todo lo que puede. Pero, para poder ir más allá del callejón sin salida de cualquier percepción limitada, atada a la tierra, el pensamiento debe ser dirigido hacia la próxima vuelta más elevada de la espiral, la intuición. Como una flecha, liberada para volar libre en el tiempo y el espacio, el pensamiento debe ser liberado hacia la profunda quietud de la intuición, donde este puede ser informado e impregnado de la luz del alma. Instinto, intelecto y luego intuición. El Tibetano escribe que “la energía de la intuición es la energía de la razón pura”. Al utilizar la razón para pensar a fondo las cosas, el pensador llega primero a la conclusión materialista, pero contemplando un poco más allá, a la luz del alma, de los valores del alma y de los principios del alma, se puede experimentar el surgimiento de un destello de profunda comprensión. Cuando la razón se amplía para incluir el invisible propósito del alma que está buscando expresión en el mundo, entonces a menudo encontramos que nuestro pensamiento es iluminado por la intuición y la comprensión. La profundidad de la comprensión proporcionada por la intuición puede ser considerada aguda, incluso penetrante, como una flecha que alcanza su blanco. La intuición, o pensamiento completamente razonado, revela la relación del espíritu y la materia. En un estado de tal plenitud de comprensión, se hace claro el Sendero a seguir y así sabemos con certeza cómo proceder. Como se ha dicho, la intuición es “la llama que fulgura más allá de la mente y revela la dirección segura”. De esta manera, el espirante se mueve de un punto a otro de realización interna y de un punto a otro de la totalidad. Desapegado de los resultados, el aspirante busca no tanto los puntos externos de llegada, sino los puntos sucesivos de conexión interna con el alma, y con el alma de todos los seres. Al moverse de un punto a otro de la totalidad, con frecuencia el Sendero se revela de manera inesperada a medida que aprendemos como integrar cualquier recurso que tengamos a la mano, con cualquier oportunidad que se presente; ya sea grande o pequeña. Cambiando un poco el tema, consideremos por un momento el símbolo del cuadrado. Para el ocultista, la materia está simbolizada por el cuadrado. Cualquier cosa relacionada con nuestra existencia terrena puede pensarse en términos del cuadrado. Sin embargo, cuando el cuadrado se divide a la mitad, descubrimos dos triángulos idénticos; cada triangulo es la imagen idéntica del otro. Un triángulo apunta hacia arriba y el otro hacia abajo, igual que la idea oculta de “como es arriba, es abajo”. Cuando consideramos una cosa solamente desde la perspectiva de la existencia material, únicamente vemos un cuadrado; un bloque sólido de tierra adherida a la materia, estática y difícil de mover. Pero, al dirigir nuestro pensamiento hacia el alma en busca de guía; como una flecha remontando libre en el tiempo y el espacio, nuestro pensamiento va más allá del cuadrado de la materia. La flecha del pensamiento, al ser liberada, rasga eficazmente en dos partes el bloque cuadrado de la materia. Al examinar cualquier cosa a la luz del alma, o la luz de la razón pura, inevitablemente vemos que cada cuadrado de materia está compuesta de dos mitades, dos mitades del mismo todo. El razonamiento intuitivo transforma el inamovible bloque de materia en dos imágenes espejo de espíritu y materia. Las dos mitades del cuadrado, son dos triángulos idénticos (uno apuntando hacia arriba y otro apuntando hacia abajo), y cuando se integran se convierten en la Estrella de David. La percepción y comprensión de la relación entre los mundos visible e invisible, integra los dos triángulos. De esta manera, el cuadrado estático se transforma en una estrella radiante, energética, que sugiere movimiento y luz. Al unir los dos triángulos se crea la luz y la materia es redimida. Pero para que se dé esta transformación, el intelecto debe primero estar enfocado, dirigido y luego entregado a la intuición, donde las dos mitades del mismo todo pueden ser examinadas, indicando la intención esotérica del alma. El intelecto percibe la dualidad, pero la genialidad del alma une nuevamente el espíritu y la materia, creando la Estrella de David, o mayor luz y vida más abundante. A través de la creatividad del alma, el cuadrado de la materia no puede mantener los prisioneros del planeta. Retomemos por un momento la historia de Hércules y volvamos a detenernos en el choque de los címbalos que Hércules utilizó para liberar el pantano de la enorme y dañina bandada de pájaros. Los címbalos fueron un regalo de la diosa Atenea, sugiriendo un “regalo” innato y un regalo divino, ya que Atenea es una diosa, la diosa de la sabiduría. Esto sugiere que los címbalos tienen una relación especial con la capacidad innata del aspirante para la sabiduría, la cual es la percepción del alma. Los dos címbalos son dos círculos idénticos de la totalidad. Como el cuadrado dividido, los dos címbalos sugieren dualidad. En el cuento de Hércules, los dos címbalos se entrechocan indicando la dualidad que se une, o su resolución. El choque de los dos címbalos crea un sonido tan fuerte que el parloteo de los pájaros (la mente inferior) cesa. Y, únicamente el sonido de los dos címbalos tiene el poder de disipar los pájaros parlanchines, ruidosos. Quizás el ensordecedor sonido producen los címbalos sea el símbolo del sonido resonante del silencio; la voz del silencio. El resonante silencio que surge cuando la intuición ilumina, total y profundamente, inevitablemente silencia el bullicio de la mente inferior. Similarmente, cuando la voz del silencio surge, nada se puede resistir a su ensordecedora resonancia. En estos momentos de profundo conocimiento, todo lo demás desaparece. En estos momentos de unidad, sabemos sin lugar a duda la relación del espíritu y la materia y sencillamente percibimos como actúa el espíritu en la materia. No hay nada tan gratificante como estos momentos de conocimiento sónico. El aspirante espiritual siempre tiene que utilizar la razón y la sabiduría del alma, la cual “trae a la luz el Amor que subyace en todo cuanto ocurre en esta época”. Él siempre debe estar en silencio y saber. Para “permanecer y saber que Yo soy Dios”. En definitiva, tenemos que seguir buscando, una y otra vez el círculo de plenitud que incluye dentro de su circunferencia tanto el espíritu como la materia. De esta manera nos abrimos camino en el Sendero y la manera para trabajar y servir en el mundo. Se dice que el antakarana se construye al crear círculos cada vez más amplios de inclusividad. Al crear círculos cada vez más amplios de inclusividad con otros, y círculos aún más amplios de relaciones entre espíritu y materia en nuestra conciencia, el Camino se abre ante nosotros. En el Sendero nos movemos a cada instante en la unicidad y la inclusividad. Al hollar el Sendero, nos podemos preguntar: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para traer las fuerzas de la luz al mundo? Para esto, la mayoría de nosotros responderíamos que estamos dispuestos a hacer bastante. Y sin embargo, el movimiento en esta línea a menudo trae dificultad. ¿Qué es lo que nos impide hacer todo lo posible para ver que las fuerzas de la luz prevalezcan en nuestras vidas y en el mundo? De pronto sean las muchas cosas pequeñas que nos afectan y nos impiden avanzar en el servicio, como sabemos que deberíamos. Tal vez como los pájaros en el pantano Estínfalo, no es posible realizar mucho realmente hasta que podamos liberar nuestras vidas de la terrible amenaza del parloteo de la mente inferior. Dirigiéndonos hacia el alma, donde resuena la magnífica y estremecedora voz del silencio, quizás es allí donde encontraremos la liberación que necesitamos para seguir adelante. Una y otra vez, tenemos que mantener el objetivo superior. Una y otra vez tenemos que recordar nuestra meta de unicidad e inclusión. Una y otra vez, nosotros: Veamos la meta, alcancemos esa meta y luego veamos otra.
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