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Movimientos Esotéricos Modernos

Por Alice A. Bailey

Publicado en The Beacon en octubre de 1927 y julio de 1996

SERÍA DE GRAN UTILIDAD para muchos estudiantes que investigan las condiciones contemporáneas en el mundo del pensamiento, si fueran enfatizadas ciertas diferenciaciones básicas y yuxtapuestas determinadas líneas o tendencias de ideas, y si fuesen estudiadas las relaciones que existen entre ellas. Ningún movimiento es totalmente maligno y no todo movimiento es completamente correcto. Ningún grupo de pensadores es el custodio de toda la verdad, ni ninguna Biblia o la representación de la verdad hecha por algún Maestro transmiten todo lo que puede ser conocido sobre Dios y Sus caminos. Las cuestiones acerca de lo que es correcto o incorrecto son asuntos individuales y personales, y ningún hombre es el guardián de su hermano, ni tampoco debe dar órdenes a la conciencia de éste.

Las distinciones que han de ser realizadas se agrupan en dos categorías principales: aquéllas que conciernen a la forma externa y a su enseñanza interior, o los aspectos esotéricos y exotéricos de la verdad, y aquéllas que constituyen los resultados de la era antigua que está pasando, e indican la influencia venidera de la nueva era.

De la verdad exotérica no necesitamos ocuparnos. Las formas de las religiones y de los pensamientos son, sin embargo, indicadores de la vida y del crecimiento. Ellas son las apariencias externas distorsionadas de una realidad interior; ellas son las interpretaciones simbólicas que las mentes de los hombres han dado a la verdad, variando de era en era, de ciclo en ciclo. Poseen sus fases de auge y de decadencia, vienen y van. Durante el transcurso de sus vidas sirven a propósitos útiles; y una vez que hayan cumplido con su cometido, son consideradas como limitaciones.

Las formas que asume todo pensamiento grupal, sean éstas vastas como una gran religión o pequeñas como uno de los insignificantes cultos o ismos, presentan una historia similar y siguen un curso análogo. Hay un período en su comienzo cuando se ve la visión en su belleza inicial y se atisba el ideal en su gloria y continuidad. Algún pensador perspicaz, un gran maestro, que desciende de la Montaña de la Iniciación, anuncia la verdad y representa la visión: de este modo aparece la primera forma. Con el paso del tiempo, sigue un período de crecimiento en el que la verdad es ocultada cada vez más y la visión se desvanece. Al final tenemos o una religión, o una ciencia, o un arte, expresados en fórmulas dogmáticas, leyes, ritos y doctrinas, con la usual parafernalia de enseñanzas autoritarias y de maestros exaltados. A medida que la forma va creciendo, la vida se debilita; pero en todo momento ella sirve a un propósito, es utilizada para encarnar muchas de las verdades.

A la era antigua siguen otros acontecimientos, acompañados de cristalización, y la sublevación de los pensadores contra las limitaciones impuestas. Entonces es evidente que la forma ya es inútil, y su destrucción ocurre eventualmente con el consiguiente abandono de la vida, para que pueda construirse una expresión más adecuada. Así han ido transcurriendo las eras, y así será siempre, aunque (puesto que las razas evolucionan en entendimiento, relaciones armoniosas y sabiduría) los ciclos de crecimiento, de era antigua y de muerte bien podrían ser transitadas de manera más moderada, gradual y suave.

Una Era de Transición

Ahora estamos en una era donde aún queda por verse mucha destrucción de formas antiguas y de viejas presentaciones de la verdad. Y este período de revueltas y dificultades está aumentando más de lo normal, puesto que no estamos tan sólo transitando de unas condiciones de preguerra a una era de extensión y desarrollo, sino que estamos pasando de un gran ciclo solar a otro. Un estudio sobre el pasado nos puede revelar el hecho de que similares épocas tremendas han estado siempre caracterizadas por estos cambios radicales, donde las condiciones (económicas, sociales, raciales y religiosas) han sido tales como si casi anunciaran el preludio de un nuevo mundo-forma. Los ciclos a los que me estoy refiriendo no son sólo los astrológicos, sino que son hechos astronómicos que pueden ser verificados en cualquier observatorio astronómico.

Bajo estas formas exotéricas, que están surgiendo a la manifestación, logrando sus desarrollos o desapareciendo, se halla lo que está encubierto, oculto o esotérico: la vida que es la causa de sus existencias, los impulsos espirituales que producen lo tangible. Por tanto, los movimientos denominados esotéricos son aquellos que atañen al lado subjetivo, al alma que mora en las formas, al aspecto vida en contraposición a lo material y objetivo.

El esoterismo verdadero se refiere a las raíces ocultas del ser de cada hombre; concierne a la parte de la humanidad que denominamos inmortal, lo eterno. Se ocupa de aquello que es la causa del pensamiento, de la sensibilidad y de la actuación. Procura expresar y poner en primer plano de la conciencia aquellos impulsos divinos persistentes que se expresan a través del cambio y la actividad intensos que caracterizan a toda la naturaleza, incluyendo al hombre mismo. Es aquello que se halla detrás de todas las fórmulas religiosas, de todas las investigaciones científicas, de todas las presiones económicas y de cualquier rumbo básico que el organismo social pueda tomar. Desde el punto de vista de la unidad humana, el ocultismo o esoterismo atañe al alma, cuando ésta se expresa por medio de los aparatos cerebral, emocional y mecánico, aquel aspecto suyo sobre el que el hombre todavía tan poco sabe, pero que hace de él lo que es. El esoterismo verdadero no es (como se supone con tanta frecuencia) una enseñanza profunda con rituales ceremoniosos, transmitida bajo juramento secreto, sino que es un despertamiento espiritual interior que reconoce un despertamiento similar o una espiritualidad potencial en todos los seres humanos, y también la vida que late en todas las formas.

Son estos los movimientos que queremos considerar, dadas su primordial importancia y su responsabilidad. A ellos, conscientes o inconscientes de ésta, les son otorgados la función de emitir una nota y de indicar la dirección que ha de tomar la más nueva y completa presentación de la verdad. Del trabajo realizado por ellos dependerá la cualidad y la aptitud adecuada de aquellas religiones, organizaciones y grupos que encarnan el orden social, y que prevalecerán durante la era de estabilidad y tendrán que sustituir inevitablemente a la actual era de transición y dificultades.

De acuerdo a cómo comprendemos el significado de la vida y de sus formas, y basándonos en los estudios de los tiempos en los que vivimos, nos resulta evidente que estamos en el centro mismo de este tan difícil período de transición. Dos métodos están operando simultáneamente, aquél que fue fomentado, desarrollado y utilizado en el pasado y que aún es poderoso e influyente, y aquél que indica las nuevas tendencias, que está caracterizado por las cualidades incipientes y que constituyen las señales de la nueva era. El hecho de que ambos están al mismo tiempo con nosotros y que las personas son influenciadas, o fastidiadas, por uno o por el otro, es la causa del actual dilema mundial; y hay otros que quedan perplejos observando el conflicto.

Conflicto de fuerzas

La fuerza de la era de Piscis, de la que estamos saliendo ahora, y la influencia del ciclo venidero de Acuario están causando un caos general en todos los campos de pensamiento y ocasionando conflictos por todas partes entre los pensadores y trabajadores. Comprendiendo estos dos tipos de influencia y tomando en consideración las diferencias entre los movimientos, que se podrían considerar como algo representativo de estos, debería ser posible llegar a determinadas conclusiones útiles y, tal vez, ver cómo conducir por un rumbo directo y más suave.

Muchos de estos períodos han tenido lugar corrientemente, y de estos la raza siempre ha resurgido beneficiada, estabilizada y con una expansión de conciencia, un desenvolvimiento intelectual y un crecimiento de aquello que generalmente podría denominarse como idea de Dios; lo que ha servido como base para un nuevo y mejor Templo de la humanidad, completo en todas sus partes, y que dura aproximadamente 2500 años.

La travesía de nuestro sol por la bóveda celeste y su progresión a través de los doce signos del zodíaco es tan inevitable como lo es el tiempo en sí. Cada ciclo solar ha visto a nuestro planeta sujeto a diferentes tipos de fuerzas, y éstas han sido las responsables de las diversas civilizaciones y culturas. Un breve vistazo a los dos ciclos precedentes al Cristianismo (o el de Piscis) puede esclarecer mejor este asunto.

Aproximadamente 5000 años a. C. nuestro sol pasaba por el signo de Tauro, el Toro. Teníamos entonces la adoración del Toro, como la practicaban en los misterios caldeos, mitráicos y egipcios. El Toro era el gran símbolo del Hijo de Dios, el Cristo Cósmico, cuyo mayor símbolo o expresión era el Sol mismo. Era el gran signo de la Voz. Las Sibilas y los oráculos eran los regentes de las naciones y de las actividades individuales. Las personas aprendieron a obedecer incondicionalmente lo que oían; y las simientes de tales adhesiones a la palabra hablada y esa dependencia de la inspiración verbal de las Escrituras fueron sembradas. Las personas eran guiadas desde fuera, nada era autodirigido desde dentro, excepto en los casos de las almas avanzadas quienes guiaban los destinos de las personas.

La dispensa judía fue inaugurada en el año 2500 a. C. El sol pasaba entonces por el signo de Aries, el Cordero; de ahí tenemos la institución del Cordero Pascual y del sacrificio de la oveja; la cabra y la oveja en lugar del buey, como era usado anteriormente. Es interesante observar que el pecado de los hijos de Israel en el desierto fue la adoración del Becerro de Oro o la reversión a una forma antigua de adoración, que se suponía que la raza debió haber sobrepasado y dejado atrás. Además, los fundamentos del gran altar de sacrificio en el Templo y Tabernáculo judíos, y así también el de la jofaina de abluciones de bronce en el patio exterior, tenían forma de bueyes, representando aquello que se halla debajo, o detrás. Esto llamó la atención de una humanidad que había sido enseñada hasta el momento por medio de la Voz, resultando de ello la consiguiente obediencia infantil irresponsable, una atención al hecho de que había una naturaleza animal, un aspecto fundamental, que debía ser subyugado por medio del sacrificio y de la purificación autoimpuesta. De este modo se proporcionó la base necesaria para la gran expansión que ocurrió cuando fue introducido el próximo signo e inculcado el sentido del esfuerzo individual.

La Era de Piscis

En aquel entonces nuestro sol inició su travesía por el signo de Piscis, el Pez; y hace 2000 años comenzó la dispensa de los cristianos. El Gran Maestro de Galilea siempre está asociado en las mentes de los hombres con el símbolo del pez. Para Sus discípulos, Él escogió pescadores; los envió para que fueran “pescadores de hombres”; con ellos iba a menudo a pescar y muchos de Sus milagros estaban asociados con los peces. Un pez dibujado sobre la arena era un símbolo secreto de los primeros cristianos; con frecuencia éste se puede ver pintado en las catacumbas; y la Iglesia ha perpetuado esta misma idea, cuando se consume pescado los viernes y en los otros días de ayuno.

¿Acaso no hay ahí un profundo significado en la base de este sacrificio del toro, del cordero y del pescado, practicado en las ceremonias religiosas que iban desarrollándose secuencialmente a medida que el sol iba pasando por los signos de Tauro (el Toro), de Aries (el Cordero) y de Piscis (el Pez)?

En el ciclo actual tenemos la aproximación a Dios a través del corazón, la era del devoto, de la sublimación de la naturaleza emocional y de su ascenso a los cielos en la persona de los grandes santos, místicos y maestros de la Iglesia.

En esta era, el sacrificio del individuo y su martirio por amor a la gran Personalidad, que ha encarnado la idea de Dios, han sido la característica de esta edad. “¿Qué provecho” ―dijo el Cristo― “tendrá el hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?” En respuesta a esto, los hombres han enfatizado, a toda costa, en sus corazones la necesidad de la salvación personal y del desarrollo del principio crístico.

En Cristo, al mundo fue dado la revelación de un alma perfecta y la idea de una posibilidad divina abierta a cada hijo del hombre. ¿Cuál fue la gran proclamación del Cristo?: ¡Salva tu alma! No puso ningún énfasis en los grupos, pero según las líneas de la gran enseñanza que se dio en el Sermón de la Montaña, dijo que tenemos que lograr nuestra propia salvación, alcanzar la perfección individual y regular nuestra conducta personal. La misma idea se elabora en el Oriente, en las enseñanzas del Bhagavad-Gita acerca del Yo y en los sistemas de yoga que enseñan el autodesarrollo.

¿Cuáles han sido los resultados de estas enseñanzas? La era pisciana se ha distinguido, como ninguna otra, por sus numerosas Personalidades destacadas. Han surgido prominentes hombres y mujeres que han demostrado características divinas en todos los senderos de la vida. En relación con la masa de la humanidad, ellos son relativamente pocos, pero sus nombres continúan siendo recordados por sus logros en todos los departamentos de nuestra civilización, de la religión, la política, de lo social, lo artístico y lo científico, ya que el principio crístico no se manifiesta tan sólo por medio del fervor religioso y de la devoción. Esto surge en cada hombre que ha alcanzado grandes alturas en todos los campos benéficos, como la música o la ciencia; y esos genios sobresalen por encima de las masas. Aquél que ha hallado el Cristo divino dentro de sí mismo, será destacado, dentro de su propia línea de acción, pero ésta no ha de ser necesariamente una línea religiosa.

Un Nuevo Ciclo

Ahora estamos saliendo lentamente de la era pisciana, fuera del ciclo que es cristiano por excelencia, y penetrando en la de Acuario, el Aguador. Aunque deban transcurrir 500 años por lo menos hasta que la transición se complete, la influencia de la nueva era ya se está sintiendo e irá aumentando progresivamente hasta ser la dominante. Es interesante observar que el Cristo (como todo gran Maestro mundial ha hecho) no sólo encarnó la nota de la era que Él representó, sino que se vinculó a la era venidera y mostró la unidad de la fuerza de la vida. Él dijo: “Yo soy el agua de la vida”. El agua es el símbolo de la nueva era. Y tal vez es debido a la influencia de Acuario el incremento de la tendencia que tiene la gente a usar cada vez más agua, a almacenarla y a lavarse con ella, algo que era desconocido hasta hace 500 años.

¿Cuáles serán las tendencias de la nueva era?: ¡El servicio y el trabajo grupal! Ya no se pondrá más el énfasis en la salvación individual, sino que la unidad que ha logrado la realización se olvidará de sí misma y de sus intereses a favor del todo. Las personas evolucionadas (y el número de éstas irá aumentando cada vez más) llevarán para todos “el agua de la vida”. Se pondrá el énfasis en la conciencia grupal y se abordará la necesidad grupal.

Los métodos empleados en las eras pisciana y acuariana son diversos; los resultados que se han logrado en todos los casos son completamente diferentes y las ideas fundamentales de ambas eras son muy distintas.

Sería de gran utilidad comprender dónde nos hallamos y qué actitudes deberíamos adoptar, comparando estos dos grandes movimientos y observando sus características y beneficios y asimismo sus inevitables peligros. Será evidente que las peores partes de las tendencias de la era de Acuario estarán ocultos para nosotros, porque ellas se manifiestan con toda su fuerza sólo al final de la era.

El Gran Maestro de la era de Piscis, el Cristo, definió la nota a Sus trabajadores en las palabras “Apacienta mis ovejas”. A la oveja se la amaestra a seguir y a tomar y aceptar la comida que se les da. De esta manera, el método empleado fue obedecer a la autoridad impuesta y seguir al líder. Las enseñanzas sobre la naturaleza del Cristo fueron los principios normativos fundamentales, y el Nuevo Testamento se ocupó de estos. Cómo seguir Sus ejemplos y de que manera entrar en el cielo para estar con Él, en un sentido personal, fueron el cometido que la Iglesia se impuso para enseñar; todo esto, una obra sólo de la Iglesia. La reafirmación de las declaraciones “Éste es el camino”, “Sigue al líder”, “Haz lo que digo”, “Éstas son las reglas”, han constituido el método de un modo intencional y legítimo. Las emociones y el corazón han sido nutridos deliberadamente, porque la raza necesitaba eso. El deseo fue convertido en aspiración y el sentimiento fue sublimado hasta lo divino. Siempre se ha instado a la devoción personal por el Cristo; y con mucho gusto y voluntariamente los hombres y mujeres han sacrificado sus vidas por el líder amado. Se ha mantenido el ideal y un fanatismo divino, continuamente en pos aquél, se ha avivado. De este modo, el idealismo, la aspiración, la devoción y una capacidad para aceptar un líder, combinada con la obediencia a éste, se han desarrollado en la raza; y ahora esto ha encontrado su apoteosis en la respetable, pero con frecuencia irracional, idolatría a los líderes, trabajadores y personajes públicos prominentes en todos los ámbitos de la vida…

Todo lo que produce anquilosamiento de la mente humana y fomenta una ciega e incuestionable obediencia, tiene que ser repudiado, en una era en la que cosas mejores son posibles, y así también son totalmente desaconsejables las respuestas mediúmnicas a declaraciones hechas por personalidades o por grupos. Bajo estas condiciones, no es posible pensar con claridad, la confianza en uno mismo no se desarrolla; y una persona de nivel medio que integra un grupo que gira en torno a una personalidad, está ahí porque personalmente le gusta el líder, o porque sus amigos también están ahí, o porque a él se le está alimentando con una constante corriente de misterio y, con frecuencia, con informaciones insustanciales o instrucciones provenientes de inteligencias planetarias o de maestros…

El peligro fundamental de la influencia de Piscis radica en la idea de la separación. Un líder pretencioso se planta sobre el pedestal, lejos de la gente ordinaria; sus secuaces se consideran como los elegidos del Señor y condenan y penalizan a todos aquellos que no reconocen a su líder o su Biblia, o que no consideran como correctas sus formulaciones de la verdad. De este modo, se extiende la herejía de la separatividad.

A pesar de lo expuesto anteriormente, tenemos que recordar que los movimientos piscianos han satisfecho, sin embargo, las necesidades mundiales, que en su día estos han sido los correctos y han desarrollado en la humanidad aquello que era necesario haber desarrollado. Ellos nos han conducido hasta el actual punto de evolución. Por lo tanto, no critiquemos; más bien reconozcamos la desaparición de una forma antigua y la necesidad de una nueva presentación. La causa de todos los problemas es tan sólo ese camino que hemos transitado, desde que ese Gran Personaje que inauguró la era de Piscis estuvo con nosotros. Sin embargo, la Voz que dijo “Estoy entre vosotros como el que sirve” ha palidecido y la nueva voz, menos digna, hace mucho ruido. El llamado que Él hizo fue a una vida de dedicación y a un servicio que hemos de prestar. Y es por eso que Su ejemplo persistirá hasta después de que todos esos pretenciosos hayan sido olvidados.

La Era de Acuario

A medida que la influencia de la era acuariana entrante se expanda y aumente, ¿cuáles serán sus características distintivas? ¿Existen indicaciones acerca de la naturaleza de sus tipos de pensadores? En este punto hemos de recordar que aún debe correr mucha agua bajo el puente antes de que los diversos tipos de pensadores y de movimientos, los puros acuarianos, puedan ser definidos; sin embargo, incluso ahora ya deberían haber ciertas tendencias indicativas.

En las instrucciones piscianas sobre cómo se ha de trabajar, el Maestro dijo: “Apacienta mis ovejas”. En estos días en los que abundan los pensamientos amplios y de tipo general y de intercomunicación cercana e inmediata, ¿acaso no hemos de esperar que una determinada Enseñanza pueda llegar hasta todas las ovejas, en vez de tan sólo a un puñado de ellas, y que Ésta encarne la idea de servicio y de iniciativa? El signo de Acuario es llamando el Signo del Conocimiento, aplicado universalmente, y de lo que sería lo más oportuno y comprensible en estos días de desarrollo de la mente y de adquisición de todo lo que puede ser conocido. El ideal de Acuario bien podría ser un alma libre e inteligente, prestando un abnegado e, incluso, autoiniciado servicio a todos.

La era de Piscis utilizó y purificó los corazones de su gente. La era de Acuario prestará el mismo servicio a su raza, pero esta vez trabajando con la mente. El hombre acuariano se distinguirá por su control mental, logrado a través de la concentración o por la atención enfocada. Él estará focalizado en su propio centro; se conocerá a sí mismo y sabrá lo que tiene que hacer. Encontrará en este centro, en ese lugar secreto, el punto esotérico de su ser integral ―Dios―, su Yo divino. Trabajará a partir de este centro, autogobernado, no dirigido. Estará seguro de sí mismo y será autosuficiente, en un sentido más elevado; es la autosuficiencia del hombre que conoce su propia alma, que trabaja de un modo inteligente bajo la dirección de su alma. El ideal acuariano habrá superado su conciencia animal y las instrucciones taurinas ya habrán cumplido con su cometido. Habrá dominado su naturaleza emocional y elevado sus deseos siguiendo a su Maestro al cielo, y así el episodio pisciano habrá dejado su marca en él. Y en la era acuariana él aprenderá a trabajar a partir de este centro celestial usando la mente de un modo inteligente, todo encajando maravillosamente. Cuando estos tres aspectos del hombre (el físico, el emocional y el mental) hayan sido desarrollados y convertidos en instrumento del alma, entonces será posible un crecimiento espiritual rápido, lo que constituirá el preludio de una nueva era en la tierra.

Los grupos en la era de Acuario serán ciertamente asociaciones de almas libres, autosuficientes y centrados en el Ego, en un sentido espiritual, y sin embargo unidos para elevar a la raza. Ellos no estarán formados en torno a una personalidad dominante, sino que constituirán organizaciones de hombres y mujeres iluminados, que someterán sus personalidades al bien general.

Actualmente, nuestro mundo es el campo de juego de la fuerza pisciana y de la creciente influencia de Acuario. Los movimientos que se formaron de acuerdo a las líneas piscianas están completando sus tareas, y tiene que ser así necesariamente y de una manera correcta. Los movimientos con distintivos acuarianos, grupos de personas que piensan por sí mismos y rehúsan otorgar lealtad incondicional a cualquier ser humano, ya se están haciendo presentes entre nosotros. Muchas personas con tendencias acuarianas, almas libres, tolerantes y sin embargo valiéndose por sí mismos como es debido, en armonía pero no tomando partido por ningún grupo, considerándose católico pero claramente a su modo, se los puede encontrar por todas partes.

¡Y estos tipos piscianos y acuarianos se enfrentan entre sí con frecuencia! No logran comprenderse y evitan reconocer que cada tipo es correcto, que cada grupo está desempeñando su función y que ambos, en este periodo de transición, son necesarios y tienen que aprender a trabajar juntos.

Ambos Grupos son Necesarios

Reconozcamos la sinceridad de ambos grupos; reconozcamos las diferencias de sus funciones; comprendamos que ambos deben desempeñar sus partes, para los que son necesarios, y que aquí no es un asunto de lo que es correcto o más correcto, que no está implicado una condición de ignorancia o sabiduría. Simplemente es una cuestión de métodos diversos y de utilizar partes diferentes de un mismo organismo, y ambas partes son igualmente divinas. Los trabajadores piscianos son emocionales; los acuarianos, mentales. Éste usa su cabeza; aquél su corazón. ¿Y quién debe decir cual de ellos, ante los ojos del Director divino, es el más correcto?

Recordemos que el seguidor pisciano de un líder se mete en problemas serios cuando acata ciegamente los dictámenes de su corazón y no logra utilizar su cabeza; y de igual modo se puede inferir que una persona que se desarrolla como acuariano, que alienta su independencia y autosuficiencia desde el punto de vista mental, siguiendo solo los dictámenes de su cabeza y no los de su corazón, ¡puede ser también un caso difícil y hasta peligroso! El ideal acuariano (que presumiblemente se extenderá por los próximos 3000 años más o menos) es una combinación sintética de la cabeza y el corazón.

Tres preguntas surgen de estas consideraciones sobre nuestros tiempos y la dominante influencia doble:

¿Cómo un hombre corriente puede reconocer los movimientos piscianos?

¿Cómo también puede reconocer un movimiento de la nueva era?

¿Cuáles son las funciones de un verdadero instructor en estos tiempos?

Las respuestas son breves, y tal vez deberían ser así, para que sean más comprensibles.

1. Los movimientos piscianos siempre apelan a la autoridad jerárquica; pretenden estar respaldados por la autoridad; siempre exigen obediencia de sus seguidores y que sean aceptadas las reclamaciones, demandas y deseos de sus líderes. En sus peores orientaciones y, más aún, sus ciegos desarrollos, imponen a sus adeptos una devoción fanática y los hacen intolerantes frente a todos los demás grupos de pensadores. Usualmente tienen una autoridad central, una Biblia y una serie de dogmas, por más que lo nieguen…

2. Existen individuos con tendencias a la naturaleza acuariana, pero no hay movimientos acuarianos. Los tiempos todavía no están maduros para que una actividad de estos tenga éxito. La era acuariana aún no se halla entre nosotros; todo lo que tenemos son los precursores. Pero cuando vengan y cuando podamos hablar verdaderamente de movimientos acuarianos, ¿qué es lo que estaríamos buscando? ¿Cuáles serían sus señas distintivas?

Ellos estarán caracterizados por la libertad de pensar, así como ellos quieran, y permitirán a sus seguidores hacer lo mismo. Rehusarán destacar un maestro, una Biblia o una organización en particular como la única fuente de la verdad, pero serán unánimes en reconocer a todos los grupos que se esfuerzan por exponer el conocimiento de Dios, que puede ser logrado por medio de la ciencia, la religión, el arte o la filosofía. Por lo tanto, se destacarán por la falta de rencor, crítica o condenación de los esfuerzos de otros líderes o grupos. Tendrán una actitud incluyente y no excluyente; enfatizarán en los principios y no en las personalidades, en el servicio y no en los intereses egoístas, y debido a la amplitud de visión y a la integridad de sus perspectivas, ellos guiarán a la humanidad hacia la consumación de la unidad reconocida universalmente.

Cada cual será libre para enseñar como le guste, para usar su propia terminología, expresar la verdad así como lo ve y utilizar en el servicio sus propios métodos. Sin embargo, todo estará basado en el conocimiento de que el trabajo es uno solo pero existen varias maneras de trabajar, un solo templo de Dios pero muchas piedras y partes, una Gran Verdad Principal pero diversos aspectos, una Vida divina pero diversas formas de expresión.

Actualmente, solo tendencias pueden ser vislumbradas en esta dirección; pero ellas indican, como la punta del iceberg, hacia dónde sopla el viento. Algún día ese viento soplará sobre nosotros con toda su fuerza y se llevará nuestras nubes de diferencias y distinciones y dejará penetrar la brillante luz del Sol que disipará la bruma y la niebla.

3. ¿Cuáles son las funciones del verdadero Maestro? Entablar y mantener vínculo con su propia alma y no permitir, lo mejor que pueda, que algo nuble su visión; mantenerse apartado del mundo y, de este modo, ser un instrumento que su Yo divino pueda utilizar. No tiene que afirmarse, porque él reconoce que es tan solo un siervo, y es justificado y reconocido únicamente por sus palabras y obras. El verdadero maestro repudia la exaltación de la personalidad. Evita (siempre que sea posible) hacer referencias sobre sí mismo y procura continuamente mantenerse en segundo plano. En su tarea de enseñanza él tiene para hacer, sin embargo, tres cosas:

Primero, decir a cada uno que es un Hijo de Dios, que el Reino de Dios está en él y que todo el poder, todo el conocimiento son un privilegio de un Hijo de Dios.

Segundo, enunciará solo aquellos principios fundamentales y básicos que son patrimonio común de todas las presentaciones de la verdad. Eliminará lo no esencial y las divergencias, hará hincapié en aquellas verdades generales y universales que han superado la prueba del tiempo y del experimento, las que todas las religiones reconocen ―la Paternidad de Dios, el Principio infinito e inmutable en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser; la Hermandad del hombre, porque todas la almas son idénticas con la Superalma, y la manifestación de Dios en la naturaleza y del Espíritu en el hombre.

Tercero, él presentará estos fundamentos y sus implicaciones en todos los aspectos que sean posibles y a través de tantos sinónimos y símbolos, independientemente de cuántos puedan haber. Sólo así el estudiante y devoto de todos los grupos, Iglesias o ismos podrán obtener el conocimiento del camino de su hermano hacia Dios.

Una vez que haya presentado lo esencial, universalmente reconocido, ha de dejar a sus oyentes para que saquen sus propias deducciones, adopten sus decisiones y las pongan en práctica.

De este modo, cada buscador de la verdad la encuentra por sí mismo y en sí mismo, y habiéndola hallado, descubre que la verdad es la misma, la que también todos los conocedores han encontrado, en cada era y clima, ciclo y raza. En la base de cada religión se halla la gran armonía, en la base de cada método se halla la unidad y en cada camino Dios se encuentra con el buscador. [-]